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147. Camisas de once varas

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En octubre de 1975 la salud del Caudillo está en boca de todos. El resfriado que cogió en su aparición el Día de la Hispanidad le tiene apartado de la vida pública.

Mientras, Mercedes lleva como puede el tener que dejar a su familia para ir a la Universidad. A las clases en la facultad se unen ahora las colaboraciones con Begoña en las primeras jornadas de la Liberación de la Mujer, que no le dejan tiempo para nada. Mercedes es el claro ejemplo de lo difícil que es para la mujer de la época conciliar la vida familiar con la laboral. Tres de cada cuatro españoles pensaban que la ausencia de la mujer del hogar perjudicaba seriamente la educación de los hijos.

En esa situación se encuentra Antonio, que está acostumbrado a que Mercedes se ocupe de la casa, y no le gusta tener que hacerse cargo de la cena y de los niños. Y para colmo, Herminia tampoco está en casa porque tiene que cuidar de Alfredo, que está ingresado en La Paz por neumonía. Afortunadamente, Miguel y Paquita acabarán echando una mano a Antonio que se ve desbordado.

A los problemas en casa hay que unirle los de Antonio con la nueva revista. Después de todo el trabajo para que “Criterio” salga a adelante, nada más salir a los quioscos la policía secuestra la publicación por tener un editorial comprometido que habla sobre los últimos fusilamientos del régimen.

Antonio tiene que responder ante los socios de la cooperativa, ya que algunos como Juan Almagro no estaban de acuerdo en imprimir la revista allí desde el principio. Y también tendrá que personarse ante el juez, ya que aunque él no es el director de la revista no consigue localizar al resto de socios. Sólo contará con el apoyo de su hijo Toni.

Al final, los contactos de Don Pablo y la retirada del artículo solucionarán el problema. Con la ayuda de Miguel, Antonio conseguirá que los ejemplares vuelvan a estar en los quioscos en un tiempo récord.

En el colegio el ambiente está tenso. Parece que cada vez están más cerca de desenmascarar al culpable de escribir el nombre de Franco en papel higiénico. Para sorpresa de Carlos y Josete, Vigueras acusa a Azucena de ser la responsable de los hechos. En ese momento, Carlos no desvela su culpabilidad, pero al enterarse de que ha sido expulsada del centro, no puede evitar confesarle que ha sido él. Para sorpresa de Carlos, Azucena decide asumir la culpa como acto entre “camaradas”.

El hecho de que Azucena encubriese a Carlitos afianza la confianza entre ambos. Por eso, cuando Azucena le pide que guarde su maleta en su casa no puede negarse. Carlos y Josete no saben que hay en su interior porque le han prometido a Azucena que no la abrirían. Temen meterse en problemas por lo que pueda haber dentro, por eso deciden deshacerse de ella. Cuando Azucena vuelve a casa de Carlitos a recuperarla les explica que dentro está su ropa porque pensaba irse de casa, pero que ahora ha cambiado de idea. Carlos y Josete no saben donde meterse.

Parece que lo de buscarse problemas es cosa de familia. Toni, tras enterarse de que la Unión Militar Democrática ha dado una rueda de prensa en París, se siente interesado por esta organización, cuyo objetivo principal es el de recuperar las libertades democráticas y los derechos humanos. Con la ayuda de Raúl investigará la UMD para el PCE en el que milita su compañero de trabajo. Juana le advertirá lo peligroso que es meterse en esos temas, ya que la dictadura desaprueba totalmente la UMD, pero Toni no le hará caso.

Tras buscar datos sobre el tema, Toni se da cuenta de que le siguen y cree que es alguien que pertenece al servicio de inteligencia y que le está vigilando. El extraño se presenta en su casa y para sorpresa de Toni se identifica como miembro de la UMD, por lo que Toni acaba entrevistándolo, aunque cree que nunca le dejarán publicar ese artículo.

Ante el desorden dentro y fuera de casa, Antonio y Mercedes deciden, por lo menos, poner remedio a lo de las tareas del hogar contratando una asistenta. Esta idea no es bien acogida por Herminia, que se siente indignada ante la posibilidad de que una extraña ocupe su puesto. Además considera lo de la asistenta “de señoritos”. Pero la salud de Herminia se resiente y un tirón en la espalda es el aviso de que necesita que alguien le eche una mano, por lo que no le quedará más remedio que aceptarla.

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