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39. Los caudillos también se rascan

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Carlos queda impresionado cuando el cura Eugenio le conciencia sobre el respeto a los animales. Son seres vivos y no se deben matar. El menor de los Alcántara lleva al extremo su reciente condición de defensor de los animales y deja de cazar bichos, uno de sus hobbies preferidos. Los problemas aparecerán cuando oculte a su familia que tiene piojos. Y es que aunque le pique la cabeza, los piojos son seres vivos que merecen vivir.

Pasada ya la ceremonia de iniciación que supuso para Antonio su visita al palco del Bernabéu, Don Pablo se lo lleva a un cacería con lo más granado de la sociedad madrileña de la época. Incluso se rumorea que puede asistir el Caudillo. Allí Antonio conoce por fin al socio de su jefe, y se topa con un reencuentro inesperado: Don Luis Altamira.

Pero en casa no le van tan bien las cosas. Las dos abuelas se están peleando constantemente y Antonio se encuentra en medio de alguna de sus riñas. Por su parte, Mercedes espera ilusionada la decisión del juez sobre la custodia de la niña, pero sigue sin decir nada a su marido.

Los ensayos de la obra teatral “Llama un inspector” siguen adelante. Los actores siguen con sus envidias, para desesperación del director, Diego Barrios. Éste percibe en Inés aptitudes para la interpretación, y la anima para que estudie Arte Dramático.

Toni sigue haciendo la instrucción de la mili en el cuartel. Mientras el sargento intenta aplicar su disciplina, Toni irá conociendo cada vez más a sus nuevos compañeros, con los que tendrá que hacer su primera imaginaria.

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